30 de julio de 2013

¡Capítulo 2! Abnegados

Holaaa gente que esté por ahí :D

Dejo el Capítulo 2 de Abnegados por aquí para que lean♥



Capítulo 2

Las cenas en mi pequeña y humilde casa no eran más que silenciosas. Éramos tres en la mesa: papá, Savannah y yo. ¿Dije tres? Quise decir cuatro: también mi gato pelirrojo, Ronquidos, tomaba asiento en una de las sillas.

 Era momento de anunciarle la gran noticia a papá. Él de seguro ya sabía que la carta llegaría algún día, pero no tan pronto. Ahora tendría que pasar por el terrible momento de ver como sus ojos se oscurecían, recordando con melancolía a mamá.

Carraspeé, incómoda.

-Papá…-comencé, dudosa-. Ha llegado una carta ayer por la tarde.

Levantó la cabeza con una sonrisa.

-¿Acaso no será de tus primos? La tía Lena me comentó que hoy te habían enviado un paquete con algo especial. No creí que llegaría tan rápido.

-No, seguramente se retrasará por la lluvia.

Silencio.

Savannah nos miraba, a padre e hija, como si estuviésemos jugando un partido de tenis.

Él se me quedó mirando, mientras yo jugaba con la cuchara y miraba a cualquier lugar menos a sus ojos.

-Entonces…-dijo, haciendo una seña con su mano para que continuara hablando.

-Es del Instituto de Preparación.-solté con apenas un hilo de voz.

Savannah emitió un gemido apenas audible. Me atreví a alzar la cabeza lentamente para ver su reacción. Curiosamente, no había ni un rastro de emoción en su cara. Nada. Savannah me miró con curiosidad de reojo. Ninguna de las dos entendía.

-Magnífico, mi niña. Serás una gran abnegada, tal como tu madre.

Se me hizo un nudo en la garganta; tragué, confundida.

-P-pero…-tartamudeó-. Papá… ¿no te molesta? ¿No estás asustado?

Savannah tomó su plato y retiró los demás, dirigiéndose a la cocina.

Papá suspiró con pesadez y dejó caer la cabeza hacia adelante. Su cabello color miel tapaba sus ojos; pronto tendría que cortárselo. Acababa de afeitarse, dejando ver una piel color tostada. Y sus ojos… Ah, sus ojos. Estaba profundamente enamorada de ellos desde que los había visto. Eran azules, pero no como el cielo, ni como el mar en plena tormenta, eran… indescriptibles. Tenían motas de diferentes tonos de verdes y violetas, con un resplandor especial. Esos ojos parecían tener personalidad propia, me dije con una sonrisa interior.

Ahora me miraban con orgullo.

-¿Asustado? Para nada. Confío en ti, cariño. Sé que puedes hacerlo mejor que cualquier otro abnegado en el mundo. ¿Sabes? Desde niña tenías ese instinto protector.- Ahora sonreía y acariciaba una de las manos de la joven-. Cuidabas de los animales, de tus primos menores, de nosotros. Apuesto cualquier cosa a que Rose estaría tan, pero tan orgullosa de ti que podría volar.

Sonreí y reí ligeramente. Tal vez de verdad estuviese volando sobre nuestras cabezas en ese preciso instante. La extrañaba tanto…

-Megs, recuerda que en el mundo no hay persona más fuerte…

-…que uno mismo.-completé rodando los ojos. Él no había dejado de decírmelo desde que mamá nos había dejado.

Se levantó de la mesa y se acercó a mí con una sonrisa en la cara. Me abrazó con dulzura y en menos de un instante, bailábamos como si fuéramos niños. Papá cantaba. Cantaba como un ángel de alas que podrían ocupar todo un cielo. Suave como el algodón y majestuoso como un león.

Por desgracia, yo no había heredado ni una pizca de su hermosa voz. La mía era más bien… espantosa. Cuando era niña no me importaba y cantaba con él. Por un momento nos vi, a los tres, desparramados en el jardín, jugando, cantando, comiendo, juntando flores, hablando de los secretos de la vida.

Me apreté a su pecho y escuché su corazón. Latía con fuerza y decisión.

-Anda, ve a la cama. -susurró, rompiendo el momento mágico de padre e hija-. Estoy tan cansado que podría dormirme sobre una cama de clavos.

-Buenas noches, papá.

Tomé con torpeza al gato en brazos y me lo llevé a mi habitación. Subí las escaleras sonriendo, con un gusto fuerte a dulzura y confianza. No me duché, tampoco me molesté en cambiarme, solamente me metí en la cama, esperando que la agradable sensación que me inundaba el cuerpo permaneciera allí y ahuyentara las pesadillas.

Ronquidos se acurrucó pegado a mis piernas y no dejó de ronronear en toda la noche. Detestaba el nombre que yo misma le había puesto al gato varios años atrás, siendo una niña inocente. Era tan estúpido e infantil.

Shakespeare. Ese era un nombre excelente, pensé con angustia. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

Por la mañana

Tuve unos extraños sueños donde Ronquidos era Hamlet y repetía una y otra vez sus diálogos. Y llevaba ropa puesta. Fruncí el ceño a medida que más y más escenas del sueño reciente aparecían en mi cabeza.

Al despertar, me encontré con un paquete en la mesilla de luz. Lo tomé con un ojo cerrado y el otro entreabierto, todavía dormida. Me lo habían enviado mis primos: Alissa, Ian y Katia, todos hermanos de June.

Lo primero que salió del sobre fue la invitación. Un lindo sobre artesanal se deslizó hasta caer con suavidad en la cama. Lo abrí con delicadeza y lo leí con una sonrisa en la cara. Anunciaba el casamiento de Lena Chassier y André Jolie-mis tíos de parte paterna-, el sábado, en la playa.

Con bronca, dejé a un lado la invitación. No iba a estar en casa en esa fecha: ya estaría en el Instituto y, aunque fuesen mis tíos, no creía que me permitiesen salir en la primera semana. Suspirando, saqué las otras dos cartas del paquete.

La primera era de Alissa y Katia, las dos gemelas de trece años. Estaban felices y ansiosas por la carta que había recibido, y querían que le contara todo en cuanto llegara. La metió en el baúl, para recordarse escribirles.

La segunda era de Ian, algo así como mi mejor amigo desde que tenía memoria. Sí, era mi primo, pero había una conexión entre los dos imposible de evitar. Él también había recibido su carta de la Instituto (ya que teníamos la misma edad) y no dejaba de despotricar contra su madre, quien quería prepararle una fiesta de despedida. No estaba de humor para nada y lo único quería hacer era pasar el día pintando y, para colmo, se le habían acabado los pinceles.

Me reí con ganas. Ian tenía un carácter horrible y yo no podía aguantar la risa cuando lo veía tirando todo por su habitación con bronca por simples estupideces. Iba pensando en esa vez que Ian rompió un vaso solo porque estaba lloviendo, cuando tropecé con algo que estaba tirado en el piso. Era frío y duro, necesité levantarlo para ver que era.

Un medallón de bronce con forma de triángulo, casi tan pequeño como una gota de agua, colgado de una cadenita casi invisible. Nunca lo había visto, sin embargo sentí familiar las luces que emitía cuando lo movía entre los dedos. Casi se me cae cuando se abrió la puerta de un golpe. Pegué un saltito y cerré la mano sobre la cadena, sin saber muy bien por qué.

Savannah llevaba la bandeja con el desayuno y una gran sonrisa. 

-Buenos días, mi niña.-saludó, apartando las cartas de la cama y depositando allí la bandeja-. Hoy será un día sumamente largo, así que lo mejor será que apenas termines de desayunar, controles que todo lo que tienes que llevar esté guardado. A eso de las tres de la tarde, pasarán tus tíos con Ian a buscarte para llevarte a Hillary. Así que antes de almorzar tienes que estar duchada y cambiada, ¿de acuerdo?

Hablaba sin parar, de manera rápida y entrecortada. Se apartó los mechones canosos que interrumpían su vista y, sin perder ni un segundo, abrió las cortinas. Luego, sin decir nada, se marchó casi corriendo.

Seguí a pie de la letra lo que Savannah me había dicho. Desayuné con tranquilidad el café con leche y toda la comida que estaba en la bandeja. Apenas terminé, recordé que todavía apretaba con fuerza la cadenita del triángulo.

El ser tan simple la hace especial, pensé, ya que no entendía la enorme fascinación que me producía ese diminuto triangulito. ¿Qué cosa eres? ¿De dónde saliste?

 Dejé la cadenita en la mesilla de luz y me dirigí al armario de la ropa para tomar una remera sin mangas negra y unos pantalones.

Me duché mientras tarareaba una canción cuyo nombre no recordaba. Y me caí. Mascullé un par de maldiciones. Joder, ¿por qué tenía que ser tan torpe? Me levanté, resbalando cada vez más. Me resigné a ponerme de pie, y quedé ahí despatarrada, sintiendo como el agua caía sobre mí.

Era patética. Simplemente ese término me resumía.

 

 

Luego de almorzar, fue el momento de que me despidiera de Savannah, a quien no vería por lo menos dentro de un año. Ella derramó gran cantidad de lágrimas porque “su niña estaba tan grande y ella estaba tan orgullosa de que ya se convirtiera en una mujer valiente y fuerte”.

Mientras me abrazaba con fuerza, me susurró en el oído:

-Estoy segura que serás mucho mejor que cualquiera allí. Todas las chicas te envidiarán por ser la mejor y ningún chico se resistirá a ti.

Me mordí la lengua; no quería decepcionarla.

Me dirigí a la puerta, e intenté abrirla, forcejeando con la manija. A pesar de que no dejaba de tironear, la maldita puerta no quería abrirse. Después de unos tirones, salí disparada hacia atrás. Ian me miraba y miraba a la puerta, confundido. Cuando al fin comprendió que el idiota había logrado lanzarme al piso, largó una sonora carcajada.

-También me alegro de verte, Ian.-resoplé, levantándome del suelo.

-Siempre es un honor verte tirada por ahí.-sonrió y me ofreció una mano, la cual rechacé. Le di la espalda y tomé mi baúl.- Buenos días, Savannah. Traje una tarta que envía mi madre, ¿dónde puedo dejarla?

Ian y Savannah desaparecieron en la cocina, momento que aproveché para correr hacia mi habitación y buscar en los papeles de la mesa de luz la cadenita. No estaba. Respiré entrecortadamente. De verdad quería llevarla. ¿Dónde se había metido?

Revolví la habitación, hasta que con suspiro recordé haberla guardado en uno de los bolsillos de mi pantalón. En efecto, allí estaba. Bajé las escaleras, aliviada. No quedaba nadie dentro de la casa, así que salí al exterior, donde el cielo encapotado cubría la ciudad.

Mi tío, André, estaba al volante del viejo coche de color negro. Papá metía mi baúl en uno de los asientos traseros, mientras que Ian observaba el cielo con mirada pensativa.

-¿Ya salimos? Porque el cielo está a punto de estallar.-dijo Ian abriendo una de las puertas del coche.-Ven, Megs, viajas en el asiento de atrás.

-¡Ya voy!

Papá se acercó y me abrazó por unos pocos segundos. Ya nos habíamos despedido antes y no tenía ganas de hacer una escena, así que me aparté con rapidez y me metí en el coche. Desde la ventana, observé como las primeras gotas comenzaban a caer y a mojar a Savannah y a mi padre. Ambos me saludaban desde la puerta de casa.

Agité la mano mientras el coche se ponía en marcha y me hice una promesa a mí misma: haría que ellos estuvieran orgullosos de mí.
 
 
Si te gustó, si no te gustó o si no sabes que haces aquí, no te olvides de comentar ;)
Mel♥

29 de julio de 2013

Nuevo look + Reseña de Dark Divine

Sip, le he dado un cambio radical al blog :)


Dark Divine, de Bree Despain
Grace Divine, hija del pastor local, siempre supo que algo terrible había sucedido la noche que Daniel Kalbi desapareció y su hermano Jude llegó a casa cubierto de su propia sangre. Ahora que Daniel ha vuelto, Grace debe elegir entre su creciente atracción hacia él y la lealtad a su hermano. A medida que Grace se acerca a Daniel, conoce la verdad sobre aquella misteriosa noche, y descubrirá que debe salvar a aquellos que ama, incluso a costa de su bien más preciado: su alma.
Editorial: Ediciones B
Autora: Bree Despain
ISBN: 9788466645416
 

Opinión personal:

Dark Divine me atrapó desde que leí la contratapa. Logra crear un buen misterio desde las primeras páginas y te anima a descubrir el "gran" secreto. Además, sus personajes colaboran a la mar de bien, ya que te dejan pensando: "Dime más, ¡dime más!"
Grace Divine, nuestra protagonista, es una chica inocente y correcta. Al ser la hija del pastor tiene ciertas obligaciones y cierta imagen que guardar, pero al encontrarse con Daniel en el instituto... parece que todo se le quiebra. Me ha fascinado esta chica, no les miento, al igual que la forma en que está narrado. A veces se la puede ver de un humor terrible, pero eso es todo.
Daniel Kalbi. Oh, Daniel, si que me hizo derretir. Es tan misterioso que había veces que estaba segura que hasta la mismísima Grace tenía ganas de agarrarlo y gritarle para que le rebelara todo. Me encantó la forma en que se trataban él y Grace y todas sus escenas eran simplemente perfectas.
Jude, por otro lado, el hermano de Grace, oh, es un tipo que logro asustarme numerosas veces. Y, April, la mejor amiga de Grace no me pareció tanto a como la describía Grace.
 
Si no te gusta sentirte intrigado, este libro no es para ti. Pero, ¡es fantástico!
 
Puntuación: ¡Muy bueno! Recomendado ♥ ♥ ♥ ♥
 
 

27 de julio de 2013

Primera reseña: La selección, Kiera Cass

¡Holaa gente de por ahí! Traigo mi primera reseña de un libro que leí hace poco y me encuentro releyendo: La Selección, de Kiera Cass

La Selección
Kiera Cass



Para treinta y cinco chicas, la Selección es una oportunidad que solo se presenta una vez en la vida. La oportunidad de escapar de la vida que les ha tocado por nacer en una determinada familia. La oportunidad de que las trasladen a un mundo de trajes preciosos y joyas que no tienen precio. La oportunidad de vivir en un palacio y de competir por el corazón del guapísimo príncipe Maxon.
Sin embargo, para América Singer, ser seleccionada es una pesadilla porque significa alejarse de su amor secreto, Aspen, quien pertenece a una casta inferior a la de ella; y también abandonar su hogar para pelear por una corona que no desea y vivir en un palacio que está bajo la constante amenaza de ataques violentos por parte de los rebeldes.
Es entonces cuando América conoce al príncipe Maxon. Poco a poco, se empieza a cuestionar los planes que ella había hecho para su vida y se da cuenta de que la vida con la que siempre soñó puede no poder compararse con el futuro que nunca se atrevió si quiera a imaginar.

Editorial: Rocaeditorial
Autora: Kiera Cass
ISBN: 9788499186078

Opinión personal:

La Selección parece ser uno de esos libros de hadas en los que la chica se enamora del príncipe y ahí está. Eso fue toda la historia. Pero, no se dejen engañar, ya que este libro tiene una hermosa y fantástica historia detrás.
América Singer, la protagonista, es una chica con carácter fuerte y una personalidad muy bien desarrollada. Es amable y graciosa, algo que me atrajo desde le principio. Había veces que me sorprendía, de buena y mala manera, pero en general estuvo bastante bien.
Maxon, nuestro príncipe guapo, me hizo suspirar innumerables veces. Si buscan un príncipe torpe y tierno, aquí lo tienen. Al no tener la típica chica en apuros, no va a ser un héroe, pero, sinceramente, es encantador.
También tenemos a "la chica mala" del libro, Celeste, una de las seleccionadas. Te lo advierto: lograrás odiarla apenas aparezca.
El libro en sí está narrado de forma sencilla y entretiene. Eso si: se me hizo muuuuuuy corto.

Puntuación: ¡Muy bueno! Recomendado ♥ ♥ ♥ ♥

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